¿Cómo Se Reconocía La Iglesia En El Siglo I?
 
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¿Cómo Se Reconocía La Iglesia En El Siglo I?

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La primera imagen de la iglesia que se da en el Nuevo Testamento se encuentra en la última parte de Hechos 2. Ya los evangelios se habían encargado de crear en nosotros una expectativa, una ilusión, de un cuadro de la iglesia, por medio de recoger de las profecías que sobre ella hicieron Jesús, y Sus Apóstoles (Mateo 16.18; Marcos 9.1; Hechos 1.4-8): Ahora en Hechos 2, cuando la iglesia ya ha sido establecida, el Espíritu Santo nos presenta un vívido retrato de ella.

Este cuadro de la iglesia nos ayuda a visualizar las principales características de ella. Ya no tenemos que estar preguntándonos cómo es en realidad la iglesia que Jesús estableció.

Examinemos detenidamente los principales rasgos de la iglesia en el cuadro que de ella pinta Lucas en Hechos 2:

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios , y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia a los que habían de ser salvos (Hechos 2.42-47).

¿Qué características de la iglesia vemos en este cuadro
Completa Devoción
El primer rasgo es una resuelta consagración a la doctrina o enseñanza de los apóstoles. Lucas dice: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2.42).

Esta consagración de la iglesia a la enseñanza de los apóstoles, se manifestaba por medio de varias conductas: Seguían fiel tal enseñanza, tenían comunión en el culto, el servicio y la ofrenda de sus bienes; observaban la cena del Señor, es decir, "el partimiento del pan"; y oraban juntos. Cristo era la cabeza de ellos, y reconocían el liderazgo de El en Su Iglesia honrando Su Palabra, la cual había sido dada por medio de los Apóstoles.

No dejemos que las miles de confesiones religiosas en que se ha dividido el mundo cristiano, nos aparten del sencillo camino que consiste en seguir a Cristo siendo parte de Su iglesia. No es ésta un cuerpo que haya creado el hombre. Es un grupo de gente que se ha subordinado al mensaje del Espíritu Santo y que, por su obediencia al evangelio, el mismo Espíritu los ha unido y los ha introducido en la Iglesia de Cristo. Pertenecen sólo a Cristo. No ponen su mirada en líderes humanos, sino que son guiados por la cabeza del cuerpo, que es Cristo, mediante la palabra inspirada de El. La Biblia establece las pautas que los cristianos han de seguir en el culto que dan a Dios, la obra que llevan a cabo como mano de Cristo en el mundo y la vida que viven diariamente.

Cuando miramos el cuadro de la iglesia que pinta el Espíritu Santo en Hechos, uno de los rasgos que sobresale, es la completa devoción de ella.

Desinteresada compasión
Otra característica que no escapa a nuestra observación de este cuadro divino de la iglesia, es la desinteresada compasión que se manifestaba entre los miembros de ella. Su sincera obediencia a la verdad les producía un amor lleno de compasión unos por otros. Según Lucas lo relata, "vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno"; (Hechos 2.45).

Cuando la iglesia dio comienzo habían venido a Jerusalén judíos procedentes de todo el Imperio Romano, con el fin de celebrar el día de Pentecostés. Estos esperaban tener un Pentecostés como el de todos los años; pero fue una gran sorpresa la que se llevaron cuan vieron que no fue así. Era el histórico día que los profetas habían mirado de antemano. Después de oír el mensaje de Pedro, muchos de los judíos decidieron convertirse a Cristo (Hechos 2.41). Su obediencia a Cristo implicó una transformación radical para ellos. Por un lado, tuvieron necesidad de quedarse en Jerusalén, y que los apóstoles les enseñaran más acerca de la iglesia de la cual habían llegado a formar parte. Por otro lado, la inesperada decisión de quedarse en Jerusalén, devino en dificultades para ellos, pues, no habían venido preparados para ello. No había duda de que iban a necesitar alojamiento y alimentación. ¿Cómo respondieron los demás cristianos, los que no enfrentaban tal crisis, a estos angustiados hermanos y hermanas que provenían de lugares tan distantes? La respuesta de ellos constituye una imagen de compasión y de amor que jamás ha sido igualada. Algunos vendieron casas y tierras con el fin de cuidar de estos hermanos. Estas acciones ilustran el rasgo de compasión que Cristo siempre quiso que distinguiera a Su iglesia.

Una verdad que embellece, más allá de toda descripción, el acto de compartir con ellos, es que éste fue totalmente voluntario. No fue impuesto ni exigido por los Apóstoles (Hechos 5.4). Nació de corazones llenos tierna compasión y amor característicos de Cristo. Este había infundido en ellos una nueva naturaleza, una desinteresada solidaridad.

El acto de dar de ellos no se reducía a compartir con el fin que fueran todos iguales, o de que todos tuvieran la misma cantidad de bienes. No se trataba de vida en comuna; sino de amor protector. Les daban a los que tenían necesidad. Saciaban necesidades, no codicias. Sabían que toda emergencia demandaba acción urgente. Cuando las personas llegaban a tener necesidades, actuaban movidos por el amor, para llenarles -¡Aún si ellos los obligaba a sacrificarse para poder dar!.
Lucas continuó relatando acerca de la iglesia: "Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad" (Hechos 4.34-35). También dijo: "Y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común"(Hechos 4.32b).

La compasión es un atributo esencial de la iglesia de Cristo. Su iglesia no puede existir donde no esté presente la fiel obediencia a Su Palabra; tampoco puede existir , a menos que la compasión abunde, como una expresión del corazón mismo de Cristo. Los verdaderos cristianos tiene un activo amor fraternal, el cual es inspirado pro el amor de Dios que mora en sus corazones. Juan escribió: "Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (1 Juan 3.17).

En el primer cuadro de la iglesia que pinta el Espíritu. La desinteresada compasión es claramente un rasgo sobresaliente.
Unidos en Cristo
Una tercera característica de la iglesia de Cristo que se observa en este cuadro, es su unidad. El Espíritu Santo, mediante la obediencia de estas personas al evangelio y a la enseñanza de los Apóstoles, les había dado un mismo ánimo a los miembros de la iglesia. Lucas dice “y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2.46).

Al contemplar esta hermosa unidad que existía en la iglesia que Jesús edificó, recordemos la importancia de este primer cuadro. Este nos ilustra el resultado que dieron la vida terrenal y la muerte de Cristo. ¿Qué clase de iglesia vino Cristo a establecer o a crear? ¿Acaso es esta una gran organización compuesta de múltiples y diversas confesiones identificadas por diferentes nombres, que siguen diferentes credos, y evitan la comunión unas con otras? ¿No es ella más bien, un cuerpo unido sobre el cual Él reina como cabeza? Es en Hechos 2, donde, talvez, vemos la más clara imagen de todas las que el Nuevo Testamento pinta, de lo que quiere Cristo que Su iglesia sea y de cómo quiere El que ella viva en el mundo. Esta imagen revela inconfundiblemente que la unidad era uno de los rasgos que caracterizaba a tal iglesia. Esto debe ser lo que Cristo desea para Su iglesia hoy día. La división que predomina en todo el mundo religioso es una clara señal de que el hombre, usando la sabiduría del mundo, ha abandonado la iglesia de Cristo y ha establecido sus propias iglesias.
La unidad de la iglesia del Señor es un tema que se puede ilustrar por el matrimonio. Un hombre y una mujer, diferentes por causa de su pasado y vida familiar, llegan a ser uno (Efesios 5.31). Después de la boda, emergen como una nueva familia. Ahora se pertenecen el uno al otro, y adoptan una nueva naturaleza. Las ambiciones egoístas y las aspiraciones personales mueren; reviven nuevas ambiciones y aspiraciones para el bienestar de la nueva familia, Habitan juntos en unidad, siendo de un solo corazón y alma, trabajando juntos para el sustento, el amor y el futuro de su hogar. ¿Cómo les fue dada esta unidad? Les fue dada por decisión propia de entrar en el matrimonio y por cumplir la ley matrimonial. ¿Cómo hacen para preservar esta unidad? La mantienen por medio de amarse, de cuidarse el uno al otro, de perdonarse, de honrar sus votos matrimoniales y de honrar la santidad del matrimonio.
¿No se cumple lo anterior en la iglesia? ¿Cómo llegamos a formar parte de la unidad de la iglesia? Por decisión propia, rendimos nuestras vidas al evangelio de Cristo y llegamos a formar parte de Su Cuerpo, la iglesia. Cuando llegamos a formar parte de ese cuerpo, somos unidos por el Espíritu Santo a Cristo, y a cada miembro de tal cuerpo. Con un solo corazón y alma, comenzamos a amar, a servir y a vivir siendo Su cuerpo. ¿Cómo preservamos esta unidad? La mantenemos intacta por medio de amarnos y perdonarnos unos a otros, y por medio de honrar la Palabra de Cristo en la adoración, el servicio y la vida diaria.
Una característica innegable de la iglesia de Cristo es su unidad. No puede existir la verdadera iglesia de Cristo allí donde todavía hay división. Esta unidad es dada por el Espíritu Santo, cuando llegamos a formar parte del cuerpo de Cristo; y, al tratar de vivir de un modo que refleje que somos su cuerpo, la preservaremos o la destruiremos. Debería ser inconcebible para todo cristiano que haya división en el cuerpo de Cristo. Según el cuadro que pinta el Espíritu Santo, el único lugar donde ha de encontrarse la unidad en este mundo, es el cuerpo de Cristo.
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COMO LLEGAR A SER UN BUEN CRISTIANO
La verdad para hoy.
Enviada por HERNANDO MOTTA
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Publicada el 19-09-2002